TESTIMONIOS

 

“Buenos Aires-La Habana: Viaje a la vida” ... Flavio Cremata
Argentina

La realidad se revela a veces con visos de ficción. El nido hecho por una paloma en la chimenea de su casa, mantuvo a Flavio Cremata primero entre la vida y la muerte en una unidad de cuidados intensivos y luego en un prolongado ingreso de 894 días en el CIREN.

Trabajador y estudiante, a Flavio le faltaba aprobar una asignatura para graduarse como Diseñador Industrial. Durante 15 días, reclamado por las negociaciones de un proyecto, estuvo de visita en los Estados Unidos. De vuelta en casa, en Buenos Aires, encontró en el buzón hogareño la invitación de unos entrañables amigos para una despedida de soltero... ¡a la que no pudo asistir! ... Mientras desempacaba las maletas y ponía un poco de orden a la casa de "hombre solo", y aprovechaba también para "dormir la siesta", prendió el calentador para darse después una ducha y prepararse para la fiesta.

Una mansa paloma viajera, aprovechando las dos semanas de quietud hogareña y en la búsqueda del cobijo necesario ante un crudo invierno bonaerense, encontró refugio y también hizo nido...¡en la chimenea!, justamente por donde salen al exterior los gases del aparato de calefacción. Inadvertidamente para Flavio, puertas y ventanas herméticamente cerradas protegiéndose a su vez del intenso frío, de la reparadora siesta pasó al letargo, al comenzar a respirar el letal monóxido de carbono que, como sabemos, al ser inhalado se combina con la hemoglobina de la sangre, impidiendo la absorción de oxígeno y produciendo asfixia.

"De milagro se salvó", recuerda ahora su tío Ángel Víctor Elmo, porque Flavio fue encontrado inconsciente 20 horas después, lapso durante el cual se mantuvo aspirando la mezcla venenosa de oxígeno con monóxido de carbono.

El absurdo y dramático hecho retuvo a Flavio durante tres meses en una sala de Terapia Intensiva de Buenos Aires y un mes más en Terapia Intermedia, atenciones que lograron salvarle la vida, pero le quedaron secuelas que lo condenarían a transitar, en estado vegetativo, de la cama a una silla de ruedas. Sufría lo que los especialistas denominan "un trastorno de conciencia vigil": mutismo (no podía expresarse), asociado a un defecto motor de las cuatro extremidades (cuadriplejia), con las piernas permanentemente en flexión pues no las podía estirar.

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