TESTIMONIOS

Rehabilitan al mexicano “Tiburón Negro”

Un accidente automovilístico en su México natal cuando tenía 18 años de edad, dio inicio a siete años de desventuras inenarrables de Jesús Sergio Valencia Mendoza, quien se encerró a cal y canto en una habitación, para después, como Ave Fénix, resurgir de sus propias cenizas y convertirse en “El Tiburón Negro”, quizás el nadador discapacitado más grande de todos los tiempos.

Pletórico de esperanzas, con esa voluntad de hierro que es hoy denominador común de su vida, lo encontramos ahora con 41 años en las instalaciones del CIREN, institución cubana líder mundial en la Restauración Neurológica.

En el accidente, mientras viajaba por la carretera que conduce de Ensenada a Tecate, cercana a la frontera con Estados Unidos, Jesús Sergio sufrió la sección parcial de la médula espinal que le provocó una paraplejia: ausencia de los movimientos voluntarios de los miembros inferiores.

Su médico de cabecera en La Habana, el doctor Francisco Araújo Suárez, neurólogo jefe de la Clínica de Afecciones de la Médula Espinal, Neuromusculares y Esclerosis Múltiple del CIREN, quien dirige el grupo multidisciplinario que ofrece atención a “El Tiburón Negro”, considera que la lesión sufrida por su paciente se inscribe en dos tiempos.

El momento del traumatismo causado como consecuencia del accidente, al que se agregó lo que califica de “un segundo elemento agresivo”, porque Jesús Sergio, encontrándose lesionado, colaboró en el auxilio de sus amigos accidentados. “A una lesión primaria se sumó otra”, considera el especialista.

En busca de los recuerdos

Para poder comprender cabalmente esta historia, signada por el dolor y hasta por la vergüenza que no ocultó al confesarme que “intenté incluso contra mi propia vida”, debe aceptarse que “El Tiburón Negro” es otro hombre, y que Jesús Sergio Valencia es apenas un recuerdo triste, superado y trascendido por las ansias renovadas de luchar y de vivir.

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